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Del Periodismo y de los Periodistas

Por Larcery Díaz - 21 de Agosto, 2006, 2:32, Categoría: General

Esta página ha sido creada por el periodista, escritor y profesor universitario Larcery Díaz Suárez, con el fin de divulgar aspectos importantes del periodismo y de los periodistas en general, especialmente de los lambayecanos y peruanos que, como el autor, amen esta profesión. Cualquier comentario que se reciba en torno a la misma, será bienvenido.

Del autor
Nació el 12 de setiembre de 1949 en Sullana, Piura. Desde los cinco años vive en Chiclayo, donde ha crecido, estudiado y llegado a ser profesional.
Nació al periodismo hace treinta y siete años, en 1969. A la vez, estudió Lengua y Literatura en la Facultad de Educación de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, de Lambayeque, Perú, de donde egresó en 1974.
Años después estudió Derecho. Tiene estudios concluidos de Maestría en Ciencias de la Educación, mención en Tecnología de la Información e Informática Educativa, en la Escuela de Post Grado de la Universidad  Pedro Ruiz Gallo.

                                                                                                                                   

Con los presidentes de la República Francisco Morales Bermúdez, Fernando Belaunde Terry y Alan García Pérez. Abajo, con el Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar y el escritor Mario Vargas Llosa.

Su intensa y apasionada actividad profesional, así como la productiva labor de hombres y mujeres que conforman la gran generación que le ha tocado vivir, le ha concedido el favor de acumular un sinnúmero de experiencias en el ejercicio periodístico, que ha tratado de desarrollar en la prensa, radio, televisión, así como profesor de la Universidad de Chiclayo, Facultad de Ciencias de la Comunicación (Cursos de Redacción Periodística y Práctica Pre Profesional), del Centro Pre Universitario de este centro de estudios superiores (Curso de Oratoria); y de la Universidad Señor de Sipán-César Vallejo, Facultad de Comunicaciones (Curso de Literatura Peruana y Latinoamericana).
En 1979 escribió el libro de poesías "Para conocer mejor a esta ciudadela".
En 1982 elaboró la primera edición de la "Antología Poética a Mamá".
Una segunda edición la publicó en 1986 con el auspicio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concytec).
Tiene en su haber diversas plaquetas de poesía y ha dirigido numerosas publicaciones periodísticas, entre ellas y durante cinco años, "La Revista", Órgano Oficial del Colegio de Periodistas del Perú, filial Lambayeque, del que fue varias veces directivo.
En 1990 fue Decano del Colegio de Periodistas del Perú, filial Lambayeque.
Ha trabajado en prensa, radio y televisión.


Entrevistando al arqueólogo Walter Alva, al lado de la tumba del Señor de Sipán. En otras vistas, parte de los premios periodísticos conseguidos. El último, un Premio Nacional de Periodismo, otorgado por la Asociación Civil Transparencia.

Se desempeñó durante veinte años como corresponsal del Diario "El Comercio",  de Lima (1971-1991) y casi al mismo tiempo como Director de Prensa de América Televisión, Canal 4 de Chiclayo y como director de prensa de Radio Star.
Dirigió los programas periodísticos televisivos "Telediario", "El Mediodía de América", "Antecámara", "El Candidato ante las Cámaras", entre otros; y el programa periodístico radial "Faro Noticioso"..
Desde 1993 a 1996 trabajó como corrector de estilo en el diario "La Industria", de Chiclayo.
En 1999 publicó el libro "Hablan los Periodistas. Del Periodismo y de los Periodistas".
Es ganador de diversos Premios de Periodismo. En 1991 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo convocado por la Asociación de Exportadores del Perú (ADEX). El último premio ganado es de agosto de 2005, Concurso Nacional de Periodismo "Redescubramos nuestro 28 de Julio", convocado por la Asociación Civil Transparencia.
Desde 1997 es Editor del Semanario Expresión:
www.semanarioexpresion.com, en una tarea por seguir haciendo del periodismo el mejor oficio del mundo.

Para saber más sobre el autor, puede acceder haciendo un click sobre los siguientes links:

http://larcery.zoomblog.com

http://karlweiss66.zoomblog.com

http://jesusleonangeles.zoomblog.com

www.semanarioexpresion.com

Libro: Hablan los Periodistas. Del Periodismo y de los Periodistas

Los siguientes artículos:

Carnet de identidad, El Círculo de Periodistas, Recuerdos del canillita, Todavía no he llegado a la China, del escritor Nicanor de la Fuente Sifuentes (Nixa), así como Nixa periodista, de Glicerio García Campos, puede leerlos haciendo un click en el siguiente link:

http://hablanlosperiodistas.zoomblog.com

Los por qué en el periodismo
Por: Glicerio García Campos

Mis amables lectores de este libro encontrarán por ahí un cuento que escribí y que se titula ¿Qué es la Patria?, en el que se trata de un niño que pregunta a su padre sobre el particular, y el padre se ve en apuros para contestar.
También sobre el periodismo se formulan frecuentemente preguntas, sobre qué es, para qué sirve, quiénes deben ejercerlo, qué beneficios y compensaciones otorga, dónde, cómo y con qué capacidad debe realizarse aquello, y otras.
Aquí voy a absolver -no todas, naturalmente- pero sí algunas de esas inquietudes e interrogaciones.
El periodismo tiene su raíz, razón de ser, desarrollo y entrega, en la vocación; y en el servicio a través de ella.
Los cursillos, seminarios, escuelas, institutos, universidades que sobre el objetivo actúan, no llegarán a tener nunca la fuerza de aquel servicio, si la vocación periodística falta.
Cada uno de los pilares sobre los que el periodismo ha de funcionar, deben ser conocidos y tratados en su verdadera dimensión: uno es la noticia o información, rápida, veloz, sintética hasta donde se pueda; sin descubrirse aquel "salto de gato" que el cronista o reportero debe tener siempre a la mano. El comentario, o periodismo de opinión es el que se detiene al análisis de lo que rodea, señalando errores o estimulando nuevos logros; llevando su voz por los senderos del bien y de la justicia.
No se crea que el periodismo es la profesión que le otorgará más placeres que dificultades o incomprensiones; o que a la vuelta de la esquina se encontrará con carro propio, vivienda ídem y comodidades cien.
No confundir, por favor, el periodismo, con la profesión de escritor, ni de poeta; son cosas diferentes, aunque pueden poseerse juntas.
El periodista puede y debe compartir su quehacer con otras actividades de servicio a la comunidad, lo que dará volumen a su currículum. Y es posible que se le reconozca.
Ante todo, por sobre todo, y en todo momento, el periodista debe actuar con la verdad y por la verdad.
No es periodista, ni debe intentar anunciarlo, quien usa un medio de comunicación para mentir, insultar o tratar de extraer ventajas personales de lo que escribe o porque tiene un micrófono en la mano. Ser periodista es todo eso; (y muchísimo más!.

Reproducido del libro "Chiclayo por dentro y también por fuera", de Glicerio García Campos. Pag. 276.

La Vocación del Periodista
Por: Glicerio García Campos

El periodismo, en la amplitud de su vocablo, posee varias acepciones, diríamos varias funciones y responsabilidades; y no se detiene ni singulariza con ninguna de ellas. La ambición de su razón de ser estriba, precisamente, en tratar de abarcar todas. Desde la de informar, hasta la de orientar; y aún más, ha de incursionar en los elevados alcances humanos de instruir y de educar.
Lo dicho no entraña el prurito de querer abarcar "mucho cada vez" o sea mezclar en cada artículo lo que particularmente corresponde a versiones distintas.
Pero, para dar al periodismo la categoría y solvencia que lo enaltezca y haga cumplir una función digna, es preciso que quien lo practique posea dentro de si mismo, el resorte invisible y mágico de la vocación. Y la vocación no reconoce otra excelencia que la de amar lo que se tiene entre manos, o que se utiliza para servir. Lo que puede denominarse como un deber, y que ha de cumplirse por encima de conveniencias y atractivos secundarios.

Hoy y ayer
Para valorizar aquella esencia magnífica del periodismo y su función, para poner a nivel de análisis y comparación el transitar de la vida periodística y de sus ejecutores, podría recurrirse al recuerdo de lo que ha sido ayer y sigue siendo hoy, en materia de su fuerza moral impulsora.
Y entonces podríamos contemplar que en nuestros días existen prestigiosas universidades e institutos que "enseñan periodismo" y que en el ayer de la historia tales entidades no existían y, sin embargo, el Perú contó con grandes y virtuosos periodistas, que entendieron a perfección el bagaje moral y profesional que debían aportar para ponerlo en manos de los destinatarios. Ellos, además de condiciones especiales intelectuales y de observación, demostraron que poseían la gracia singular y valiosa de la vocación.
Por tal circunstancia que no cabe soslayarse, al agradecer que surjan los centros de instrucción y perfeccionamiento de donde han de egresar los periodistas, aconsejable sería que los pretendientes no olvidasen la previa consulta íntima de si los anima la vocación que los convierta en seguidores leales de lo que se han propuesto abrazar. Recordando que el periodismo no es una profesión común y fácil, sino que, sin exagerarlo, es un sacerdocio para llegar a cuya cima están muy bien los estudios generales, la especialización académica, pero que todo ello, aún magnífico, quedará incompleto sin el aderezo feliz y final de una consagrada vocación. Saber que se ingresa a un campo donde no habrían recompensas materiales, donde los salarios y sus cifras se regatean hasta hoy; donde cada noche o cada madrugada no habrá premio mayor que la tranquilidad de conciencia y del deber cumplido.
Y eso, como lo vimos ayer, lo seguimos viendo hoy.

También por etapas
También hay algo más. En la gama de requisitos que exige el periodismo, siempre habrán de existir. Y es que sin abandonar el aquel don, cultivo y mantenimiento de la vocación, debe tenderse a brindar satisfacción al lector. Otrora, por ejemplo, disfrutando de "horas más largas", había un parear de preferencia por los comentarios extensos; hoy, más bien, son las noticias, y rápidas, las que priman. Tal vez porque el quehacer del mundo tiene más hechos que mostrar debido al veloz transitar de aquellos y al ansia de conocerlos rápidamente.
Sin embargo, negar que el derecho del lector no puede atropellarse y que la noticia debe ser breve, clara, exacta, imparcial, ni erudita, ni farragosa, tampoco puede recortarse el toro derecho de ofrecer -a su tiempo y en su lugar-, el comentario, el análisis, el razonamiento e interpretación; tanto de lo que fluye de la noticia misma, como de la experiencia, calidad literaria y análisis real del medio. Entregar, en resumen, tenue pero firmemente lo expresivo de un periodismo con vocación.

Y tú, ¿qué dices?
Por ello, cuando vemos ese animoso y ciertamente bello aparatito moderno de grabación, que circunda cual enjambre de aves en torno del entrevistado, recordamos a aquellos escritores de fuste que llenan páginas y páginas con citas y citas: "según dijo Fulano", "según expresó Sutano", "según declaró Perencejo"; provoca replicarles para extraerles de su talante y pedantería, con una interrogación:
- Bueno, eso es lo que dicen ellos; pero... ¿y tú, qué dices?,

Reproducido de "La Revista" N1 3, Organo informativo del Colegio de Periodistas del Perú, filial Chiclayo, Octubre de 1989. Pags. 2 a 4.


Simbiosis del periodismo y la cultura
Por: Glicerio García Campos

Cojamos de la raíz griega, que la aplica la Historia Natural, la palabra que, tal vez al azar, sirva en el artículo para el título. El tema o los temas a tratar pueden ir desde lo sencillo y trivial hasta lo delicado e investigatorio. Ambas cosas son y fueron elementos fundamentales en la vida de los pueblos; en cualquiera de sus variadas apreciaciones deben, eso sí, tomarse con cuidado, con respeto: Periodismo, Cultura.
Desde luego, también pueden enlazarse, o situarlos paralelos, congruentes, hasta de expresión simultánea en el devenir de los años y de las edades. Pero conviene, de otro lado, no emulsionarlos ni tomarlos como una sola cosa. Cada cual por su lado, la cultura y el periodismo, mantuvieron y mantienen su fuerza creadora, su razón de ser en la marcha de la historia; y de sus luces, sus legados y aportes, el hombre aprendió y sigue aprendiendo.
Tal vez convenga, en este ligero ensayo, antes que mencionar lo de "periodismo", tal como hoy se entiende, referirnos a lo de la "comunicación", que se trata de darle como pareja de referencia a la cultura.
A su turno, la cultura no es tan sólo educación e instrucción; otra acepción amplía su valor representativo, lo traslada del presente al pretérito; se convierte en la vertiente de obras, de etapas que al humano demandó mucho esfuerzo crear. Porque, si por un lado reconocemos que la cultura significa el cultivo, la acción de cultivar, con sus logros de instrucción, sabiduría resultante de haber cultivado los conocimientos generales, y eso podemos apreciarlo en el humano de nuestras horas; desde el otro análisis cultura, o culturas, implican el resumen de talento, creatividad, arte, ciencia, de cada una de las diversas épocas, tendencias o capacidad imaginativa que fueron y seguirán surgiendo por acción del hombre, en el transcurso de los siglos.
De ahí que podamos decir de las culturas faraónicas, romana o incaica, por ejemplo, cuyos testimonios y obras existen, sin que sus autores vivan.

Periodismo y cultura
Las culturas que la historia y la pre historia señalan, han ido dejando, cada una, sus particulares huellas; fueron propias de su ambiente, idiosincracia, talento o necesidades. Pueden haberse parecido entre si algunas; pero, aún así, la obra legada, las luces intelectuales, las obras materiales, los monumentos, las pirámides, el arte y la ciencia de un rincón de la Tierra vendría a ser cosa natural y particular de sus creadores.
Todo ello, además, iría señalando épocas o períodos que abarcarían no sólo años sino siglos, dejando impresos para la posteridad el espíritu creador del hombre, la lucha contra la naturaleza y otros factores adversos, el instinto de la conquista, las ansias de poder, el invento o la inconformidad, como expresiones del ansia que siempre vivió en el alma del hombre. Y, como corchete de interrogación sin respuesta definitiva, la guerra y la paz.

Reproducido de "La Revista" N1 4, Órgano Informativo del Colegio de Periodistas del Perú, filial Chiclayo, octubre 1990. Pag. 2.


El entrañable chiclayanismo del Amauta Glicerio García Campos
Por: Luis Rivas Rivas

A don Félix Rosas, veterano periodista del diario El Tiempo de Chiclayo -y amigo de mi padre, cuya sastrería frecuentaba-, le escuché un día -en mi infancia- frases como éstas: (¡Glicerio sí se entrega al periodismo de corazón! ¡Glicerio da la vida por Chiclayo!).
Aunque a la sazón no estaba en condiciones de entender el giro de la conversación, la vehemencia con que hablaba don Félix me impresionó y suscitó en mí el deseo de conocer a ese señor Glicerio, aún cuando sólo fuese de lejos. Y el comprensivo cronista satisfizo mi curiosidad una mañana que lo visité en la imprenta.
 
Algunos años más tarde, cuando ya pude apreciar, en las notas y artículos que publicaba, el entrañable chiclayanismo y otras virtudes cívicas de don Glicerio García Campos, fue creciendo mi admiración por este ciudadano ejemplar.
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La Revista "Norteña"
En 1970 don Glicerio creó la revista cultural Norteña, excelente publicación que dirigió durante tres años. En generoso gesto me invitó a colaborar en la misma. Esta feliz circunstancia me permitió departir con más frecuencia con este chiclayano, paradigma de civismo.
Constaté entonces que si es admirable el periodista y el bombero, no lo es menos el hombre, el amigo, el maestro. Porque en García Campos hay maestro esencial. Con la mayor sencillez y modestia, destila en su plática esclarecedoras enseñanzas. Y sus experiencias perfilan una trayectoria generosa, que parece no tener otra meta en la vida que servir a la comunidad. Cristiano de convicción profunda, Glicerio García Campos ha hecho norma de su quehacer cotidiano la sublime enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo, cuando dijo: "El Hijo del hombre ha venido a servir, no para ser servido".

El Amauta Glicerio García Campos
En el último cuarto de siglo, la infatigable labor de servicio de don Glicerio se ha multiplicado hasta alcanzar coeficientes que sorprenden. Como Decano Fundador del Colegio Departamental de Periodistas, como editorialista y colaborador del Diario La Industria de Chiclayo, como redactor de la formidable revista cultural "Lundero", como autoridad bomberil a nivel nacional, como creador de entidades bomberiles y de certámenes de esa índole.
Por todo ello se han multiplicado también, y en buena hora, los premios, cargos honorarios y demás distinciones que se le otorgan. Entre ellos alcanzan particular relieve el de "Amauta del Periodismo Nacional", el cual revela que tanto el Colegio de Periodistas de Lambayeque --que hoy dirige Hubert Limo Mendoza, periodista de muy altos méritos-- y la entidad nacional correspondiente, saben valorizar a sus figuras paradigmáticas.
Título singularmente apropiado el de Amauta. Porque tal es don Glicerio García Campos: un maestro. Un maestro al que todos debemos enseñanzas valiosísimas. Entre ellas, dos fundamentales: su vida de permanente y abnegado servicio a la comunidad y su entrañable amor a esta tierra chiclayana, a la que nuestro Amauta conoce hondamente "por dentro y también por fuera".

Condensado del libro "Chiclayo por dentro y también por fuera", de Glicerio García Campos. 1994. Pags. 325 a 327.


 
Glicerio García Campos: utopía y realidad
Por: Jorge Lazo Arrasco

Los mitos encierran historias extraordinarias, relatos de figuras simbólicas y hazañas de seres sobrenaturales. La diferencia que hay entre el héroe y el mito es que el primero es singular, el segundo colectivo y por ende, arquetipo. Al mito lo hace el consenso.
Sirve este introito para precisar que don Glicerio García Campos es un mito lambayecano. Lo es, no sólo porque su vida está cubriendo el presente siglo, sino por lo que ha hecho y hace en bien de la sociedad. Glicerio es hombre-eje, porque a su alrededor giran múltiples corrientes conceptuales; es un hombre total, porque constituye una síntesis de finito e infinito; el infinito es su sentido verdadero, es el espiritual. Por sus ideas será siempre hombre nuevo, en virtud de su autonomía ontológica. En suma, conociéndolo se puede afirmar que hay hombres que son seres simbólicos; se colige que el hombre es tiempo; y que a tiempos nuevos, hombres nuevos.
Esta vez la noticia la dio el propio periodista: Glicerio García Campos fue designado por el Colegio de Periodistas del Perú como Amauta del Periodismo del Perú.
Justa distinción a un hombre que ha identificado su vida con bondad estoica, ilimitado desprendimiento, rebeldía serena, sacrificio con entereza e insobornable rectitud.
Escritor, periodista, editor, bombero, músico, concejal, etc., )qué más se le puede pedir a un hombre que ha deslizado sus acciones en la esfera de las ideas, el servicio y las acciones elevadas? La vida de Glicerio es una sinfonía, que él ha sabido interpretar sabiamente, en notas exaltantes.
Todo periodista es, voluntaria o involuntariamente, un paisajista del mundo; todo músico describe con armonía cosas humanas, aquello que nadie conoce ni lo puede definir, pero que todos sienten y gozan; todo bombero es un ente que mira cara a cara a la muerte y en paradoja osadía le arrebata de sus garras las vidas que aún no le pertenecen; todo intelectual, en fin, jamás cree ser dueño de la verdad, ni piensa que la del otro es una mentira; y aquí radica su incomparable dimensión humana, demostrada en múltiples oportunidades.
Don Glicerio es un ser multifacético, como pocos; vive por esencia inmerso en el sentido, su vida entera se desarrolla al interior de una especie de placenta luminosa que le permite sentir y vivir humanamente, por eso es creativo, original, inédito.
Hombres como Don Glicerio no se pertenecen a sí mismo, son patrimonio de la sociedad; se ha enraizado en el "quid" de la historia y en el núcleo de la razón de ser de las generaciones. Por eso, la distinción del grado de Amauta (el sabio del Imperio Incaico), nos alcanza a todos y es, en tal magnitud, en que hay que celebrarlo. Es el reconocimiento a los diarios El Eco (Trujillo), El Norte, La Industria, El País, El Tiempo, etc., en los que colaboró y en cuyas páginas gravitan sus ideas, porque las ideas no son pensamientos que se trasmiten simplemente, son formas de ser, componentes de la vida que la posteridad recibe como una gerencia tan irrenunciable igual que la biológica.
El mito es utópico, pero ambas también son realidades. Y  Glicerio García Campos es eso: utopía y realidad; esto demuestra que las paradojas existen. Además, es un paradigma, al que las nuevas generaciones tienen que considerar como un maestro y modelo. Los grandes hombres surgen para que hayan otros aún mayores que ellos, ésta debiera ser la ley normal de la historia de un pueblo. La existencia de estos hombres buenos borra el oprobio de los malos; sólo por ellos, lo humano adquiere significación y el verdadero hombre se convierte en la totalidad de todos nosotros. Al abrazarlo por este reconocimiento, hacemos nuestro también el patrimonio de su talento artístico y su inagotable creatividad periodística.

Reproducido de La Industria, Chiclayo 6 de noviembre de 1993. Pag. 2.

Las cuatro patas de la mesa
Por: José Arana Cuadra

Una: Vocación
Con el presente artículo inicio la exposición de lo que yo llamo -inmodestia aparte- mi propia teoría acerca de las condiciones que debemos reunir quienes ejercemos el oficio de periodistas; teoría ésta que en términos llanos y comunes he bautizado con el nombre de "Las cuatro patas de la mesa", y cuyo tema he expuesto en otras oportunidades, aunque sintetizadamente, a través de artículos en periódicos y revistas, así como en conferencias dadas en colegios a las que se me invitó amablemente, y el cual tema reactualizo ahora, ampliándolo para una mejor comprensión de quienes se interesen por el mismo.
Hago esta explicación previa porque, como lo dije en anteriores oportunidades, estimo que es una obligación de quienes hemos llegado al término de nuestro periplo profesional, el entregar a las nuevas promociones que van insurgiendo, lo que nuestra experiencia particular nos ha enseñado; lo que hemos aprendido y aprehendido a través de los años y tras haber incursionada en todas las escalas de la variopinta gama social y humana.
Como es de público conocimiento, se ha hablado y se habla siempre de lo que es el periodismo; pero, en realidad, poco o nada se ha dicho o se dice acerca de lo que es o debe ser el periodista. Se ha hablado mucho del violín, pero no del violinista, olvidando que es el buen violinista -el virtuoso- quien imprime categoría al violín, trasladando la melodía de sus notas y haciendo vibrar sus cuerdas al son del corazón humano, aún cuando el violín no sea bueno; y, al revés: por más bueno que sea el violín, de nada sirve cuando el violinista no pasa de ser un ramplón, un mediocre o un falso valor infiltrado en los medios de comunicación y a quien el rastacuerismo de los tiempos actuales considera, sin embargo, como a un valor auténtico, caso éste que por desgracia no es poco frecuente en nuestro ámbito, como es de conocimiento público, por estar a la vista.
El oficio de periodistas es uno de los más delicados, pues en sus estructuras y ejercicio, hay responsabilidades tan grandes como las que tiene el médico en cuyas manos se juega la salud y la vida del paciente; como las que tiene el legislador, el juez y el abogado en cuyas manos se juegan también la ley, el derecho y la justicia; como las que asume asimismo el arquitecto o el constructor que no sólo tienen que delinear la belleza de la obra, sino la seguridad de la misma y la funcionalidad que va a cumplir; como las que tiene el artista que en el escenario, el cuadro o el mármol, debe modelar y expresar la imagen real de la naturaleza o de la faceta humana que desean proyectar; como las que son inherentes al militar que por disciplina y por su severo sentido del deber, pospone todo lo particular en aras de la patria y su seguridad; y por último, como las que tiene consustancialmente el sacerdote, cuya misión espiritual domina solemne y profundamente todos los niveles del corazón y la conducta humana, iluminando los caminos y dando la mano al casado, caminante -el hombre- en su ilusión de alcanzar el horizonte.
Una falla, un error del médico una aberración jurídica  o una impúdica inmoralidad del legislador, el juez o el abogado; un mal cálculo o un embuste del constructor; un equívoco, un desacierto del artista; un extravío flaqueza o perfidia del militar; una impiedad, una impostura, apostasía o infidencia del sacerdote..y todo se habrá desnaturalizado, derrumbado y echado a perder, rebajando así la elevada función llamada a cumplirse.
Es, pues -repito- sumamente delicada y responsable la función del periodista en el preeminente rol que está llamado a cumplir dentro del complejo organismo social, organismo de múltiples facetas, innúmeras aristas y de constantes cambios, en cuyo torbellino se encuentra él -el periodista- centrípetamente arrastrado y absorbido.
De ahí que resulte imperativo y categórico, que el periodista para ser tal, deba reunir sine quanon, condiciones que lo autoricen y legitimen en el ejercicio de su oficio.
Tales condiciones son precisamente las que yo gráficamente llamo las cuatro patas de la mesa y que según mi propio punto de vista, son correlativamente las siguientes:

Vocación, Cultura, Técnica, Honestidad
Con mayúscula y en negrita, sumandos iguales e inseparables que hacen esa totalidad: el periodista.  Sumar dos de los cuales ninguno puede faltar o ser más corto ni inconsistente, pues sino la mesa no será mesa, ni el periodista: periodista, en la cabalidad del concepto, y quedará expuesto- como que lo está- al menosprecio directo o indirecto, disimulado o manifiesto, hiriente o compasivo de quienes lo tratan.
Se trata aparentemente de una persona perogrulla cuando se dice que para ser periodista hay que tener vocación , ya que es elemental presuponer que para cualquier oficio o profesión, se  necesita vocación
Pero, no se olvide que estamos en el Perú, país en el que se producen las cosas más incongruentes, inverosímiles, paradójicas
y contradictorias, en el que se dan casos de que personas que han fracasado en otras actividades, se han metido luego a periodistas, aprovechando de que este oficio no ha sido obligatoriamente de nivel universitario, lo que subsecuentemente ha permitido que numerosos semianalfabetos y zopencos, de la noche a la mañana resultaran "siendo" periodistas, pese a su estulta y pedestre línea de flotación intelectual.
Para mi -y pido de ello patente de invención- el periodismo es, como la honradez, un gene que forma parte de nuestra formación biológica, que lo llevamos ingénita y congénitamente en el organismo y que circula y bulle en nuestra sangre hasta el fin de nuestros días. De ahí que la vocación constituya, sin duda alguna, la primera de las cuatro patas de la mesa con que gráfico mi teoría y que por ser -la vocación- inclinación natural, amor, voluntad y pasión, es inalienable y fundamental condición para el auténtico y genuino ejercicio de la profesión.

La segunda: Cultura
Antes traté de la vocación, como una de las bases indispensables en la formación y conformación intelectual de quienes desempeñan legítimamente el ejercicio del periodismo y que como tales ocupan en la sociedad moderna un lugar preeminente y de responsabilidad en la marcha de los asuntos públicos.
Ahora en la presente nota, trato de lo que, asimismo, debe considerarse primordialmente como la segunda pata de la mesa, necesaria e imprescindible también para que la mesa sea mesa y el periodista sea periodista, y que es lo que se encierra en la palabra cultura, vocablo en el que se guardan las más altas valoraciones del pensamiento y acerca del cual se han dado sinnúmero de definiciones, siendo su acepción más generalizada actualmente, la que se hace sinónimo de: ilustración; es decir de quien, por poseer mayores o más profundos conocimientos que los comunes, es considerado hombre "culto", como antiguamente se le decía, "ilustrado" o "instruido". Tomada pues en este sentido, la cultura no es el barniz con que muchos se pavonean, especialmente quienes ostentan cartones académicos obtenidos o comprados por favor o a cambio de dádivas, sino quienes tienen en carne y médula la posesión plena y genuina de un saber auténtico y de un conocer sólido y firme.
En tal sentido, pues, el periodista debe saber, mejor dicho, dominar el idioma; conocer la historia y la geografía; cultivar la sindéresis y el discernimiento; beber la sabiduría de los clásicos y comprender los nuevos haces de luz que irradian los contemporáneos. Y todo esto, sin caer en hinchazón, fatuidad, pedantería o alarde, que es precisamente lo más opuesto que existe a la verdadera cultura.
Abarcar, pues, con el nimbo de la modestia y la naturalidad, todo lo que el saber humano nos permita, es adquirir cultura en la sinonimia de ilustración que en este párrafo de le está dando a la palabra cultura.
Sin embargo, necesario es referirse a una más alta y probada concepción que germina como esencia propia de la palabra y que es la que señalan enfáticamente los grandes padres del pensamiento, de quienes trascribo a continuación y para mayor ilustración de los lectores, algunos de sus párrafos principales. Así, por ejemplo, Ortega y Gasset,, en su estudio sobre Misión de la Universidad, dice: "La vida es un caos, una selva salvaje, una confusión. El hombre se pierde en ella. Pero su mente reacciona ante esa sensación de naufragio y perdimiento: trabaja por encontrar en la selva "vías", "caminos"; es decir: ideas claras y firmes sobre el caos y el mundo. El conjunto, el sistema de ellas es la cultura en el sentido verdadero de la palabra; todo lo contrario, pues, que ornamento. Cultura es lo que salva del naufragio vital, lo que permite al hombre vivir sin que su vida sea tragedia sin sentido o radical envilecimiento".
Max Scheller, filósofo alemán (1875-1926), de cuya muerte dijo el mencionado pensador español que "había dejado a Europa sin la mejor mente que poseía, donde nuestro tiempo gozaba en reflejarse con pasmosa precisión", tiene lo que yo personalmente considero como la mejor descripción de lo que es cultura: "la cultura es en primer término, una forma, una figura, un ritmo individual, peculiar en cada caso"... "Dentro de los límites propios a esa peculiar forma y con arreglo a sus medidas, prodúcense todas las libres actividades espirituales de una persona y también -dirigidas y gobernadas por éstas- todas las manifestaciones automáticas de la vida psico-física (expresión, ademanes, elocución y silencio), es decir todo el modo de conducirse y manifestarse esta persona. Cultura es, pues, una categoría del ser, no del saber o del sentir. Cultura es la acuñación, la conformación de ese total ser humano"... "Cultura es humanización, es el proceso que nos hace hombres". "Por eso es tan propio y esencial al saber culto, el no ser importuno sino sencillo, modesto; es huir del sensacionalismo, el estruendo y de la extravagancia; el ofrecerse con evidente claridad y conciencia de sus límites. La cultura soberbia, el saber orgulloso es a priori incultura y más aún, es la presunción"... "Culto es aquel a quien no se le nota que ha estudiado, si ha estudiado; o no se le nota que no ha estudiado, si no ha estudiado"... "El auténtico saber culto sabe, pues, siempre con exactitud, qué es lo que no sabe"... "Culto no es quien sabe y conoce muchas modalidades contingentes de las cosas, ni quien puede predecir y dominar con arreglo a leyes un máximo de sucesos --el primero es el erudito y el segundo el investigador --sino quien posee una estructura personal, un conjunto de movibles esquemas ideales, que apoyados unos en otros construyen la unidad de un estilo".
"Cultura es 'misión', 'destino' individual y específico en cada caso".
Nuestro gran Honorio Delgado, dice por su parte que "la cultura comienza en el hogar" y que es "el talante y la actividad del hombre en cuanto son guiados por ideas y valores del espíritu, lo que constituye la cultura".
Precisamente todos estos conceptos fueron refrendados en junio de 1980 por el Pontífice Juan Pablo II, cuando en el seno de la UNESCO sentenció: "La cultura es un modo específico de 'existir' y del 'ser' del hombre" (Visión N1 12-Volumen 58-28 de junio 1982).
Todo esto se suma a la voz de la antigüedad, cuando por boca de Epicuro llamó "pura vanidad" al afán de saber solo por el saber mismo, sin llevar ínsito "un valor y un sentido óntico"; y cuando Séneca exige a los hombres de pensamiento que "no hagan ostentación de su linaje mental, que no se signifiquen demasiado, pues pueden concitar las iras de la plebe".
Largo es el tema, pero lo resumo aquí encauzándolo en lo que yo creo sus aspectos principales; como conformantes de la estructuración de la segunda pata de la mesa: la cultura que debe integrar la persona y la personalidad de cada periodista, que para su cabalidad profesional necesaria, básica, irrevocable e inexcusablemente tiene que ser un hombre culto, es decir ilustrado y que sepa lo que sabe, "como el socrático saber del no saber", o sea que conozca los límites y las limitaciones de su saber, tal como Kant lo pedía, según leo en Scheler.
Finalmente, expreso que la Universidad -universidad- es la única que puede hacer la estructuración formativa del periodista para que éste "al igual que las abejas que extraen de aquí y de allá el néctar de las flores, pueda luego producir su propia miel, que les pertenece por entero", y que así -el periodista- pueda decir con Terencio: "Soy hombre y nada de cuanto es humano me es extraño".

Tres: Técnica
Quedamos pues, que al igual que las facetas de un diamante, la cultura -tal como fue enfocada en mi nota anterior- es de manera general, pero en particular para el periodista, es -repito- sentimiento, conocimiento, pensamiento y acción o conducta, siempre en sumandos valorativos que constituyan categoría y den impronta, relieve, singularidad y distinción a la persona y a la personalidad del sujeto.
Y ahora vayamos a la tercera parte de la mesa... El periodismo, al igual que todas las profesiones -profesión viene de profesar- ha evolucionado con el curso de los años y hoy ha alcanzado lo que se llama un nivel técnico, es decir sistematizado, conforme a normas que la experiencia y el estudio han ido determinando para elevar su ejercicio y dirección, dejando atrás el empirismo que no se ajusta a la realidad de los tiempos que se viven ni al ritmo y necesidades de la vida social contemporánea.
Es así como el conocimiento humano basado netamente en los moldes clásicos, ha ido dejando libre el camino al conocimiento aprehendido al paso de la evolución social, conformando a la vez un bagaje, ordenado y concatenado sobre el cómo y el por qué de las cosas que es lo que se denomina norma, estilo, pauta o método que sin constituir inflexibilidad, ni exclusión o rechazo de innovaciones superativas -valga el término- encauce con toda fluidez, precisión y certidumbre, la aplicación de determinado saber.
Esto es lo que en mi concepto constituye la "técnica" y que en periodismo, inexcusablemente, debe tener como base elementales conocimientos gramaticales: ortográficos, sintácticos y de léxico, para no incurrir en errores como escribir "haiga" en lugar de haya; "dispertar" en vez de despertar; "la diploma" en lugar de el diploma; "tragiversar", en vez de tergiversar; "preveer", en lugar de prever; "preveyendo", en vez de previendo"; y otros como "el cadáver del occiso"; errores que si bien son piadosamente disculpables en personas no cultivadas, son realmente inadmisibles e imperdonables en un periodista.
Un periodista debe poseer un buen Diccionario para su constante consulta; así como una buena Geografía y una buena Historia del Perú; amén de toda obra relacionada con la profesión, con el Perú y con los problemas del mundo contemporáneo. Asimismo, debe formar un minucioso archivo con las referencias de todos los asuntos, casos y personajes saltantes en el tinglado público, cualquiera sea su nivel, para así contar en cualquier momento con lo que los norteamericanos llaman el background, o sea los antecedentes o datos autenticados que guarden relación con el hecho actual a publicarse.
Debe saber y aplicar, asimismo, las seis preguntas que estructuran la noticia: qué, cuándo, dónde, quién, cómo y por qué. Y distinguir lo que es noticia de lo que es información (la noticia y la información son como el pan y la galleta: ambas se hacen de harina, las amasa el panadero, entran al horno y se comen... pero mientras el pan tiene que comerse el mismo día en que se hace (la noticia), pues si se deja para después es "pan frío"; en cambio la galleta (la informaación) puede publicarse después. Una noticia: un crimen, una catástrofe, la muerte de un personaje noble, etc.; una información: el arreglo de las calles, la necesidad de hacer obras públicas, la falta de locales escolares, etc.
Curioso, mirón, oletón y preguntón para encontrar, descubrir, captar, raptar, arrebatar y capturar la noticia, el periodista debe ser una especie de antena permanente, con las fuerzas físicas y morales necesarias, para cumplir con rapidez y certeza su función.
Conseguida la noticia, el periodista debe saber, asimismo, redactarla conforme a las normas modernas de la profesión, empleando preferentemente la norma llamada "pirámide invertida" (no descriptiva); es decir, empezando y resaltando el aspecto más notorio del caso; usando párrafos cortos, sin palabras "técnicas", ni adjetivos que denoten pedantería; frases sencillas, ágiles y precisas, sin omisión de datos importantes (fecha, hora, nombres, lugares, etc.), evitando las repeticiones o redundancias y los términos groseros, o peyorativos; todo dentro de un rígido marco de veracidad, de veracidad responsable y de absoluto respeto de la dignidad humana.
En lo que a esta pata de la mesa se refiere, necesario es también que el periodista o reportero verifique los hechos y haga sus anotaciones con claridad para no verse después en apuros al pasar el hecho a las cuartillas.
Finalmente creo que un buen periodista debe conocer también necesariamente lo concerniente a papel, tinta, tipografía, maquinarias, fotografía, fotograbados, titulación, artes, publicidad y demás ramas conexas.
No creo demás recordar también que un periodista por las finalidades propias de su profesión, no puede sujetar sus labores a un horario de reloj, como el empleado de una oficina comercial, sino que como el bombero, debe estar alerta las 24 horas del día, siempre en función de servicio a la colectividad.
Todo este bagaje constituye, en mi concepto, la técnica periodística y su conocimiento y cumplimiento es otro de los sostenes que conforman la personalidad del hombre de prensa.
Dije al iniciar estas notas, que al escribirlas no abrigo más propósito que transmitir o entregar a los que vienen las experiencias y conocimientos personales adquiridos en los largos años de ejercicio de la profesión, quedando al mejor juicio de mis colegas su aceptación, modificación o perfeccionamiento, amén de lo mucho que ellos, en cuanto a cantidad y erudición, puedan poseer, solicitando, en todo caso, indulgencias por las pretensiones de mi propósito.

Cuatro: Honestidad
Como se ve a través de mi artículo anterior, el periodista contemporáneo, sea de la prensa escrita, de la radio o de la televisión, debe dominar o conocer los medios de comunicación más modernos, así como sus mecanismos técnicos con los que la ciencia en su pasmoso avance, prácticamente vertiginoso y arrollador, ha venido reduciendo el espacio y el tiempo a su mínima expresión, lo que subsecuentemente ha dado entrada a las masas -antes ignaras- que ahora han invadido todos los estamentos de la vida pública y social.
Las tres patas de la mesa están ya hechas, pero le falta la cuarta para que con ella pueda sostenerse con seguridad y así cumpla el objeto para el que ha sido hecha, pues de lo contrario será una mesa coja, que no prestará ningún servicio y se caerá sola, por su propio peso.
Se trata, ahora, del factor que indefectiblemente deberá aureolar la figura personal de quienes ejercen una actividad profesional de responsable participación en la vida de los pueblos. Factor éste que se encierra en la palabra honestidad, cuya esencia y fines están referidos al comportamiento o conducta que frente a su entorno o contorno debe observar cada persona; tordo lo cual está a su vez incluido y comprendido dentro de la ciencia moral y de la moralidad subjetiva y objetiva, y que la filosofía denomina ética, cuyos principios y normas las instituciones enmarcan en sus códigos de honor, señalando los preceptos a que deben ajustarse, ceñirse y someterse todos y cada uno de sus miembros para dar altura valorativa y superior sentido al ejercicio de la profesión.
Estos conceptos generales tienen una incidencia especial en el caso de la profesión periodística, la cual por diversas razones es la más expuesta a recibir el humo letal de los halagos de unos y los ataques arteros de otros con el innoble propósito de torcer y sacar de su línea al periodista, la que indeclinablemente debe ser de rectitud moral, honorabilidad, decencia, serenidad y moderación. Ser hombre de principios es muy difícil, pero mantener y sostener esos principios en los hechos es mucho más difícil; pese a todo y a las acechanzas que cercan al periodista, éste debe ser cabal e íntegramente un hombre de principios, con relevancia social, que trazume prístino linaje espiritual y señorío.
Como un viejo marino conocedor de mares borrascosos, el periodista debe saber navegar con éxito en el mundo de convencionalismos que conforman la sociedad moderna. La honestidad es un capital que da réditos. debe tenerse presente que "el periodista es un hombre cuya acción tiene repercusión sobre las masas y sobre la conciencia social" y a sus saberes técnicos y culturales han de unirse los morales". Recuérdese que en la primera reunión celebrada por la UNESCO sobre la profesionalización de los periodistas, se dejó sentado que "más importante que en cualquier otra profesión, la formación moral del futuro periodista será particularmente cuidada y deberá concretar su formación intelectual". Esta formación moral, agrego yo, será el más recio escudo contra la prepotencia de los poderosos, sin uniforme y con uniforme; en la historia está escrito que Napoleón -con ser Napoleón, dominador de ejércitos y de naciones y jefe de la nación más poderosa de su tiempo- tuvo miedo a la prensa libertaria y se vio obligado a clausurar diarios y cerrar imprentas y suprimir totalmente la prensa de oposición para poder permanecer en el poder.
Son muchos los Códigos de Honor, de Moral o de Etica que se han escrito y desde que el periódico pasó a ocupar un lugar principal en la conducción de los asuntos públicos, se han dictado sinnúmero de reglas para evitar que el periodista resbalara por pendientes subalternas; dañinas a su elevada función.
Célebres hombres de prensa han sentado en frases aforísticas esos principios:
- No se puede hacer noticia asesinando honras ajenas.
- El desbordado impulso de informar no puede llegar a los aberrantes abusos de lanzar a la voracidad de un público ansioso de escándalo, trozos de vida privada, hiriendo a veces mortalmente reputaciones inmaculadas.
- Debe distinguirse entre lo sensacional y el sensacionalismo. El segundo es periodismo morboso que despierta en los lectores perturbaciones contrarias a la moral y a la más elemental cultura.
- Debemos colocar la exactitud por encima de toda otra consideración.
- Pensar alto, sentir hondo y habla claro.
- Nadie debe escribir como periodista lo que no puede sostener como caballero.
- El derecho a la libertad tiene que ir acompañado de un sentido del deber.
- El atributo más importante de un periodista es la buena fe.
- Empuje, no derribe.
- Ningún hombre, carente de moral superior, merece ser periodista.
La moral, pues, de los periodistas, está enmarcada en códigos y en sentencias como las que dejo trascritas. Sin embargo, creo yo que la mejor ley, el mejor Código, es el que lleva dentro de sí, en su propia conciencia, todo buen periodista, digno de ejercer tan nobilísima profesión.
Recuerdo que Aristóteles en su Moral a Nicómaco, dice: "y así entre la amistad y la verdad, que ambas nos son caras, es una obligación sagrada dar la preferencia a la verdad".
En un brillante discurso en el Parlamento inglés y señalando a la mesa de los periodistas, Edmundo Burke, dijo hace poco más de 200 años que "la prensa es el quinto Poder del Estado".
Y en nuestro siglo, hace alrededor de 60 años, Pío XI, dijo a un grupo de periodistas: "REPRESENTÁIS EL MAYOR PODER DEL MUNDO".
Sólo así, con sus sólidas cuatro patas, la mesa, es decir el periodista cabal, podrá cumplir cabalmente la alta y delicada misión y tarea que le ha encomendado la historia de la civilización.

Reproducido de La Revista N1 6, Organo Informativo del Colegio de Periodistas del Perú, filial Lambayeque. Octubre de 1993. Pags. 18 al 21.


Dos anécdotas de mi vida periodística
Por:  José Arana Cuadra

Si mis padres el día que me bautizaron hubiesen sabido que yo iba a ser con el tiempo periodista y que como tal iba a pagar los platos rotos que yo nunca he rompido (palabra ésta que asimismo tengo en trámite patentar), tal vez no me habrían puesto por primer nombre José y por segundo Marcelino; en cuyo caso capaz me hubieran bautizado con el nombre de Paganini, ya que, quiéralo o no, muchas veces he tenido que "pagar los platos rotos que yo nunca he rompido", como paso a contarlo a los lectores de esta nota, advirtiéndoles que sólo por falta de espacio las que voy a contar sólo son dos, aún cuando las que me han ocurrido son muchas más, ya que en el peliagudo oficio llevo ya más de 63 años, lo que no es poco si se tiene en cuenta lo poco duradera que es la vida, y lo poco, lo poquísimo que se gana en tan zarandeada ocupación.
En el año 1926, en sociedad con mi compañero de aula Jorge Rondón Salas, arequipeño afincado acá, pues a su papá lo habían nombrado juez, saqué un periódico al que le puse por nombre La Antorcha, iniciándome así en tal quehacer para el que parecía haber nacido. Tal era mi apasionante vocación de husmeador, rebelde, amante de la verdad y la justicia. (Oh veinte años de floridas ilusiones, de amores románticos, de aventuras quijotescas, de sueños irrealizables!...Bueno, de La Antorcha, aparecieron tres números de los que por suerte Jorge Zevallos Quiñones conserva los ejemplares originales.
Pero vamos a la anécdota. Esta ocurrió al año siguiente, en 1927, cuando cursaba el 5to. de media. Un buen día, diré mejor una buena mañana de no recuerdo cuál mes, después de tomar mi desayuno de café con leche y mis dos panes franceses, uno con mantequilla y otro con queso (oh, desayunos que, como las golondrinas de Bécquer, no volverán!...me fui al colegio, faltando cinco minutos para las ocho de la mañana, que era la hora de entrada controlada en la misma portería por el propio gringo Weiss, el inolvidable gringo que parado ahí en la portería controlaba que llegara uno bien peinado, con los zapatos bien lustrados, las bandas bien arrolladas a las pantorrillas y con sus cocos; la entrada tenía que ser exacta, pues al que llegaba después del primer campanazo, lo "penaba", dejándolo sin salida hasta las ocho de la noche.
Llegar yo y atajarme el gringo, todo fue uno: -Tú, muchacho, no pasas... párate ahí... "Yo me quedé sorprendido, pues el que no la debe no la teme, y nada había hecho para tal actitud del gringo. Cuando terminaron de entrar todos los muchachos, el gringo me llevó a la dirección y estrujándome prácticamente por el uniforme a la altura del pecho empezó a increparme con áspera voz: ¿Por qué has hecho eso... dime, muchacho... por qué has hecho eso?
Yo, en verdad, no sabía de qué se trataba y apenas atinaba a contestarle al gringo. ¿Qué cosa, doctor? ¡Yo no he hecho nada!. Pero el gringo insistía: ¿Por qué has hecho eso?...ahora te quedas penado hasta las ocho de la noche.
Y así fue cómo me quedé penado. Naturalmente que me puse a indagar de qué se trataba y así pude averiguar que el día anterior había salido en el periódico El Tiempo una nota atacando al gringo, quien -algo creo recordar- me dio tiempo después una explicación. Han pasado nada menos que 63 años de tal suceder y hasta hoy nunca he sabido de qué nota se trataba, qué decía contra el gringo y quién fue el autor. Indudablemente el gringo había creído que fui yo quien había escrito contra él, dado que yo me había creado fama de ser periodista.
¿Por qué mi papá no me bautizó mejor con el nombre de Inocencia, o de Paganini, como ya dije?
He aquí la otra anécdota, que análogamente me ocurrió casi 20 años después; es decir, en 1947.
Trabajaba yo en la entonces Caja de Depósitos y Consignaciones, cuya jefatura estaba a cargo de un inolvidable caballero, don Jorge Ruiz de Somocurcio, arequipeño distinguido por su amable trato, don de gentes y espíritu bondadoso y muy honorable. En esas circunstancias fui trasladado a Lima sin razón justificada alguna. Fueron años de abusos y terror político, pese a que gobernaba el país un hombre de la talla moral del Dr. José Luis Bustamante y Rivero, figura ejemplar y superior de las que desgraciadamente son tan escasas y hacen tanta falta en el Perú. Estando yo ya establecido en Lima y según creo recordar fue nombrado gerente de la Caja el señor Jorge Bruce, probo y distinguido funcionario de la entidad. Este caballero fue atacado, según pude informarme después, en el periódico El Horizonte, de Monsefú, como consecuencia de un hecho ocurrido años antes cuando el señor Bruce había estado en Chiclayo, en su condición de Visitador de esta entidad. Hubo alboroto y un funcionario, amigo mío, también de muy  grata recordación, si mal no recuerdo don Ignacio Garrido Lecca, me llamó y muy diplomáticamente me señaló de ser yo el autor del susodicho artículo. Una vez más hube de cargar con la pesada cruz de la culpabilidad, sin tener culpa alguna y hube de pagar como en el San José, los platos rotos sin haberlos yo rompido, ya que fui arrumado en un puesto subalterno con un sueldo que casi me muero de hambre. Todo ello por el hecho de ser periodista y a que sólo en base a presunciones suspicaces y canallescas, se me sindicaba autor de hechos a los que fui absolutamente ajeno. Nunca leí ni vi el artículo cuya autoría se me imputaba.
Por todo esto, pues, prometo a mis lectores que de ahora en adelante usaré en muchos de mis artículos el seudónimo de Inocencio Paganini, que es el, o son los verdaderos nombres que debieron ponerme mi papá, cuando me bautizaron.
(Firmado) Inocencio Paganini. Chiclayo, octubre de 1990.

Reproducido de "La Revista" N1 4, Órgano Informativo del Colegio de Periodistas del Perú, filial Chiclayo, octubre 1990. Pags. 16, 17, 18.

El Periodismo en Lambayeque
Por: Teodoro Rivero Ayllón

En el Siglo XIX
La Estrella del Norte es el periódico lambayecano de más antigua data de que se tenga conocimiento. Fundado por el ecuatoriano
Carlos Jorge Monsalve, se editaba en la ciudad de Lambayeque. La Biblioteca Popular del Club "Unión y Patriotismo", de Chiclayo, conservaba hacia 1920 una edición de este vocero correspondiente al 13 de mayo de 1849
Sin embargo, por los años de 1845-48, aparecía en esta capital el periódico El Chiclayano, editado por los hermanos José Manuel, Rosendo y Ricardo Soto, hijos de esta ciudad. Funcionaba el taller en la calle de San Cayetano (ahora Av. Balta). En ese mismo taller se imprimirían después El Porvenir y La Industria, ya desaparecidos.
En la década del 1860 se publicaba en Lambayeque El Liberal, que dirigían sus propietarios, los señores Creciendo. En 188, Germán Leguía y Martínez -que hasta entonces había dirigido el colegio secundario "Instituto Lambayeque" (1833-1888)- empezó a publicar un periódico, El Fénix. Ese mismo año apareció El Independiente (1888-1890), bajo dirección del lambayecano M.A. Campos Pizarro, más tarde director de La Reforma. Más o menos coetáneos son La Ley, que dirigía Néstor E. Voysset. La Prensa Libre (1897-98), bajo la dirección de José Rivadeneyra y Guillermo Gamarra.
A El Chiclayano, que se publicaba como hemos dicho en esta capital, siguieron El Departamento (1889), que fundó el español Juan Roldán. El Republicano (1899), que dirigía José ARMANDO Vélez. La Enseña Ciudadana (1899), bajo la dirección de José María Reaño y Maximiliano Oyola; La Provincia, que dirigía el cajabambino Germán Torres Calderón; El Norte, bajo la conducción de Juan de Dios Lora y Cordero. De fines del siglo pasado fueron, asimismo El Heraldo y La Industria.

Siglo XX
Con el siglo inicia su publicación La Juventud, periódico dirigido por los hermanos Porras (1900-1901) en Lambayeque. En Chiclayo por esa misma época sale El Diario (1900-1901), primer periódico de mayor formato que dirigía inicialmente Juan Manuel Colmenares y luego Carlos T. Barandiarán. Durante los primeros meses, El Diario lanzó hasta dos ediciones cotidianas. Entre sus colaboradores estuvo José Eufemio Lora y Lora.
De 1901 a 1902 se publicaba en Chiclayo El Eco Popular, semanario que se imprimía en los talleres tipográficos de El Trabajo; y El Grito del Pueblo, hebdomadario político que se editaba en Ferreñafe. Ese mismo año de 1902 veía la luz Justicia, vocero de tendencia socialista. A esta década pertenecen El Zurriago (Chiclayo 1902), bajo la dirección de Juan Muro. Lambayeque Comercial (Chiclayo 1904-1905), revista mensual ilustrada que editaba Manuel Castillo Cisneros; El Comercio (Chiclayo 1904-1907); El Porvenir (Lambayeque 1904-1905) que fundara M.R. Valiente. En junio de 1903 empezó su publicación El Nuevo Siglo", periódico informativo y crítico; y en 1909 el Club Unión y Patriotismo acordaba dar a publicidad el periódico Ideal, bajo la dirección de Adán Neira.
 
Por los años de 1910...
En la década siguiente -la del 10- vieron la luz El Cosmopolita y El Norte, fundados asimismo por M.R. Valiente, en Lambayeque; El Heraldo del Norte (Chiclayo 1911-12, dirigido por Maximiliano Oyola, diario opositor y auspiciador de la candidatura presidencial de Billinghurst; El Tiempo (Chiclayo 1918), que bajo la conducción de Alejandro Leguía empezó a salir el 1 de mayo; El Higuerón, que sacó en Chiclayo en 1914 un grupo de tipógrafos; El Bien Agrícola (Chiclayo 1915-1922) bajo la dirección de Pedro Cusianovich y Christian Campos; El País, del que fuera fundador el Dr. Juan Francisco Vílchez y cuyo primer número apareció el 1 de febrero de 1918. Dirigió con posterioridad este diario el poeta Puga Imaña.
De más o menos vida efímera fueron La Abeja, Don Tiburcio, El Candil, El Serrucho, El Zancudo, El Zepelín, El Guante, semanario ameno y político que se publicaba en Monsefú. Mayor duración tuvo El Progreso, fundado por don Pedro José Soto y en cuyas páginas colaboraría el poeta Juan Parra del Riego, colaborador igualmente de La Tarde, vocero de que fueron fundadores Virgilio R. Pérez y Víctor M. Vélez.
Concitó interés por aquella época El Diablo Predicador, semanario de carácter literario y satírico que empezó a editarse el 11 de mayo de 1919.

Hacia 1920...
A la década del 20 pertenecen La Abeja, que salía por el año 1920 dos veces por semana y que escondía en anonimato mordaces sátiras: el Boletín Judicial, que se publicó desde la instalación en Chiclayo de la Corte Superior de Justicia (1920); La Patria, de edición interdiaria, en 1921; año en el que se inauguraron El Pueblo, La Revista Popular, semanario de divulgación intelectual y política; La Juventud Reaccionaria, de la que sólo circularon uno o dos números y Ariete, semanario político que dirigía en Ferreñafe Víctor E. García.
En 1922 inició su publicación Balnearios (aparecía sólo en los veranos), bajo la conducción de sus fundadores José V. Bracamonte y Jorge Jiménez Monsalve. Fue ese año también el de la publicación de Foot Ball, vocero deportivo. Carlos Arbulú dirigió en 1923 Germinal, semanario que sólo alcanzó su primer número, pues fue clausurado por las autoridades; The Goal Keeper, semanario deportivo que dirigía J.A. Ríos y El Cohete, circularon asimismo en 1923. En 1924, año pródigo en publicaciones de diversa índole, reaparece La Tarde, que fundara en 1901 Virgilio  R. Pérez y del que fuera colaborador un tiempo el poeta para del Riego. Se sucedieron en la dirección de La Tarde varios directores: José María Reaño, Roberto Oscar Narváez, Ricardo Miranda y Morante y algunos otros. Año pródigo -decíamos- pues en ese año salieron El Pibe, Frívola, El Agrícola, Excelsior, y  Juventud, entre otros. Juventud era el vocero de Juan José Lora y contó con la colaboración, entre otros, de José Barandiarán. Excelsior fue publicado por Nicanor de la Fuente y Jorge Jiménez Monsalve.
Vieron la luz en 1925 Bronce, Juvenil, El Egoísta, El Goal, El Cometa, La Maraña -que tuvo corta duración- y El Irredento, semanario que editaba Miguel Vargas Gárate, en campaña patriótica por la devolución de Tacna y Arica. Radium  y La Semana salieron al año siguiente. Era el primero un semanario de índole cultural y el segundo un hebdomadario dirigido por Manuel Carrera Arias. Semanario era igualmente Bocina, revista editada por Nicanor de la Fuente en 1927, año de Proteo, órgano de un grupo de estudiantes sanjosefinos. De mayor duración fue El Nuevo Diario que dirigió Moisés R. Valiente hasta 1931, en que cambió de título por el de El Pueblo, que prosiguió con tiradas diarias hasta 1942 en que Valiente se retiró de la actividad periodística.
Otros voceros de esta década fueron: Chiclayo Rotario (1928), órgano del Rotary Club; El Registro oficial, Atenea, revista mensual: Colónida, órgano sanjosefino como El Viajero. También las publicaciones monsefuanas La Voz del Pueblo, La Juventud, El Mensajero del Rey, La Razón, La Evaluación. En diversa época se difundieron asimismo en Monsefú El Horizonte y Centinela.

La década del 30...
En 1930 se publican El Porvenir (En Monsefú); Crítica, bisemanario fundado por J. del C. Bracamonte, Nicanor de la Fuente y Juan José Lora; Tierra, revista quincenal bajo la dirección de Abelardo Pita y el semanario humorístico Boletín Lapoint, que se vendía al precio de un gordo (dos centavos). Félix Anaya lanzó en 1931 el diario El Momento; Leandro Barrionuevo hacía lo propio con el bisemanario Información. Fue el año en que J. C. Bracamonte dio a publicidad La Hora, periódico político que hubo de sufrir vicisitudes. Lo dirigieron posteriormente Juan José Lora y Nicanor de la Fuente (Nixa). El periódico fue clausurado por campañas de oposición al régimen y reapareció en 1945. Ese mismo año de 1931 se publican La Patria, Clarín, La Idea Aprista y El Día, bajo la dirección este último de Jacinto Liza y Germán Campos.
La Nueva Provincia de Motupe, se editó por Julio de 1931 como bisemanario dirigido por Manuel Guerrero Baca. En ese mismo mes y año Récord, semanario cultural conducido por Leandro Barrionuevo. En 1933 salieron el bisemanario Taymi, bajo la dirección de Eusebio Ubillús P. y el semanario festivo y satírico Caras y Caritas, que tuvo corta existencia, vida efímera, bajo la dirección de Aurelio Salas Yépez. En 1934 Nicanor de la Fuente y Héctor Carmona dirigían Ahora, empresa que concluiría con la persecución de sus redactores y la clausura de la imprenta en que se editaba El Bien Agrícola, fundado en 1914 y que había dejado de salir, reapareció en 1937. Era órgano de la Liga Agraria del departamento de Lambayeque y tras la dirección de Christian Campos y Pedro J. Cussiánovich, siguió la de Eulogio Arenas.
En 1935, al conmemorarse 100 años de la creación de la provincia de Chiclayo, salió la Revista Centenaria (15 de abril), teniendo como Director Técnico a José del C. Bracamonte; como Director Gerente a Federico L. Echeandía y a Nicanor de la Fuente como redactor en Jefe de la Sección Literaria e Histórica. Como hacía notar el editorial, acerca de la índole de esta revista: "Más que una monografía es un anecdotario, un relato histórico de Chiclayo al cumplir sus cien años de vida provincial..."

Por los años 40...
En vísperas electorales salieron algunos periódicos de raudo paso. El Imparcial (1944) dirigido por Humberto Chávez Ch., defendía la candidatura del chiclayano Eloy G. Ureta, a la presidencia de la República. Acción (1946), conducido por Ramón Larrea, auspiciaba la candidatura de don Vicente Villarán; en tanto que Concordia (1946), la de Jorge Prado a la más alta magistratura de la nación. Concordia  estuvo dirigida por Víctor Noriega y luego por Elías Alvarado Zañartu.
A los años cuarenta pertenecen Sucesos (1945), que tuvo gran circulación y que fundó y dirigió Víctor Arenas Pérez. Ese año apareció también el primer número de Acción del Empleado, boletín quincenal del Círculo Departamental de Empleados, bajo la dirección de Mario Puga Imaña. Agustín Vallejos Zavala administró con gran sentido regionalista Nuestra Tierra, con entereza y valentía que con que orientara anhelos y aspiraciones de la clase proletaria en Puño y Letra. Ha sido además colaborador de Excelsior, que dirigía Jorge Jiménez Monsalve, y de El Trabajador, órgano de la Unión Sindical. Perseguido y desterrado a Chile casó en el vecino país del sur con la dama chilena Sra. Elsa Bravo Adriazola.
Por estos años salían asimismo Campaña, dirigido por Germán Segura Salcedo; El Sol, de Ramón Larrea; De Frente, semanario católico que se publicaba los domingos y se repartía gratuitamente; La Nación, semanario independiente bajo la dirección de Elías Alvarado Z.; un Boletín, el de la Cámara de Comercio, Agricultura e Industrias de Lambayeque, que se editaba cada dos meses; Carteles, hebdomadario político que dirigían Nicanor de la Fuente y José del Carmen Bracamonte; Campaña, bisemanario también político que se imprimía en los talleres de Colónida y El Sanjosefino, órgano del viejo, centenario colegio, que dirigía el Dr. Weiss.

Los años recientes
El 17 de febrero de 1952 circulaba el primer número de La Industria, diario fundado en esta ciudad por don Miguel F. Cerro. Fue su primer director el Dr. Raúl Fernández A. Lo es hoy don Miguel Benigno Febres Fernandini, limeño de nacimiento y avecindado largos años en esta tierra a la que ha aportado con campañas de bien público, ampliamente beneficiosas para el departamento. Con don Miguel B. Febres colaboran, entre otros, Nicanor de la Fuente, Glicerio García Campos, Estuardo Deza Saldaña, Alfredo Delgado Bravo, Jan Antonio Perazzo Cáceres, Eugenio Sosa Farfán, Gilberto Díaz Torres, Arturo castañeda Suárez, Jorge Yarrow, Macedonio Ramírez Beramendi, George Mc Lauchlan, José Villanueva Díaz, Manuel Vidarte Sierra, Juan Barturén Dueñas y Teodoro Rivero Ayllón. Por muchos años colaboró diariamente en La Industria el intelectual español don Fernando de la Presa, crítico y ensayista notable. Frente a la Jefatura de Redacción está desde hace tiempo Cristiana Díaz Castañeda, y en la dirección del Suplemento Dominical Daniel Enríquez Barco.
En 1958 se editaba el primer número de la revista deportiva Juventud, bajo la dirección de Manuel A. Villegas. Gliceiro García Campos (Chiclayo 1906), antiguo colaborador de los diarios locales El Tiempo y El País, La Industria, lo mismo que de La Industria de Trujillo y El Norte  de la misma ciudad, empezó la publicación de su Revista Norteña, que ha durado entre los años de 1969 a 1973.
De 1962 data la aparición de Firruñap, una de las mejores revistas del departamento, dirigida por su propietario, el periodista Héctor F. Carmona R. y bajo la jefatura de redacción de Manuel Pedro Muga Vásquez Carmona ha hecho periodismo desde 1930 en El Tiempo, La Hora, Ahora, El Pueblo, El Imparcial, y La Noche, vocero este último que dirigió en 1954. Muga Vásquez ha editado en Lima las revistas Vínculos, Actualidad y La Voz de Ferreñafe. En Chiclayo ha dirigido el periódico Agua.
J. Vicente Nisizaka Mejía (Chiclayo 1933), que editara la revista regionalista Huerequeque (1959-64) y la revista Sí (1964-66), mantiene hasta ahora dos importantes voceros de ámbito nacional o internacional que se imprime en Lima: Perú Cooperador (1966) y Turismo Mundial (1972), revista esta última que cuenta con versiones en 5 idiomas. Nisizaka Mejía ha sido colaborador además de los diarios capitalinos Expreso, La Crónica, El Comercio Gráfico, Ultima Hora y lo es -en la actualidad- de La Estrella de Panamá (Panamá) y Ultimas Noticias (Caracas).
Walter Ampuero Vásquez ha sacado recientemente bajo su dirección el periódico Acción, "Organo juvenil al servicio del Perú".
Cuéntase entre las últimas publicaciones Nuevo Norte, que dirigen en Chiclayo Manuel Pedro Muga Vásquez y Manuel Salazar Montalvo; lo mismo que la revista humorística y satírica Pungundún, bajo la dirección de Manuel Vidarte Sierra.

Reproducido del libro "Lambayeque, Sol, Flores y Leyendas", de Teodoro Rivero Ayllón-Chiclayo 1976

El "Boom" periodístico lambayecano de 1954
Por: Juan Barturén Dueñas

Medio siglo y dos años transcurrieron entre la salida de El Diario, el primero de esta periodicidad en nuestro departamento, que fundó en 1909 el español, gallego para mayores señas, don Juan Rondón, y la aparición de La Industria, el 17 de Febrero de 1952, bajo la dirección del Dr. Raúl Fernández Amunátegui.
Pero no en vano pasaron esos cincuentidós años entre el nacimiento de El Diario y La Industria. En su intertanto se fundaron los cotidianos El País, 1918, dirigido por su propietario, el Dr. Juan Francisco Vílchez, y El Tiempo, que vio la luz también en aquel año, pero meses después. Su primer director fue el señor Alejandro Leguía Alvarez.
Volvamos a 1952. Consideramos a este año como el momento inicial de la gran transformación del periodismo lambayecano. Es indudable creemos, que la revolución operada -por los días del medio siglo- en el periodismo limeño, hubo de repercutir saludablemente en provincias. Se registró adecuación en los diarios a las técnicas más modernas de información y hubo innegable renovación de recursos tecnológicos. Y también humanos. Los periodistas adquirimos conciencia de nuestra dignificación personal y de la responsabilidad que ésta conlleva.
No está demás señalar que contribuyó decisivamente a este buen logro la fundación de la Federación de Periodistas del Perú. No en vano enarbolamos los firmantes del Acta Prima los principios de "Libertad para la Verdad, Responsabilidad en la Expresión y Decorosa Condición Económica para el Periodista". Ellas son, hasta el presente, y serán por siempre, nuestro magno e irrenunciable ideario.
En cuanto a nuestro departamento, la aparición de La Industria determinó un notable "boom" periodístico. Las imprentas lambayecanas desarrollaron gran actividad. No hablamos de las vertientes periodísticas oral y audio visual, por cuanto la primera aún no aparecía y la segunda era imposible de realizarse.
Fue precisamente el Dr. Fernández Amunátegui el iniciador de esta notable expansión periodística. En noviembre de 1952, fundó el vespertino La Noche. La dirección fue confiada al señor José Antonio Sánchez Casós, quien posteriormente fue el tercer director de La Industria hasta 1954.
Y fue en aquel 54 que alcanzó plenitud el "boom" periodístico lambayecano. Circulaban cinco diarios chiclayanos: tres matutinos: 11 La Industria, bajo la dirección del señor Miguel Benigno Febres y con una planta de redacción integrada por los periodistas Nicanor de la Fuente, Jorge Quiroz Rodríguez y Elías Alvarado Zañartu. 21 El Tiempo, orientado por el señor Julio Alfonso Hernández, contando con la asesoría de los periodistas Glicerio García Campos y Félix Rosas Sarmiento y 31 La Opinión, fundada por los señores José Antonio Sánchez Casós y Germán Segura Salcedo. Eran periodistas de esta casa los señores Lucio Burga Calderón y Alfonso Tello Marchena.
En cuanto a los vespertinos, éstos fueron 11 El País, el decano de la prensa lambayecana, en ese entonces dirigido -como hemos señalado- por su propietario, el Dr. Juan Francisco Vílchez. Contaba con la colaboración de los periodistas Elías Alvarado Zañartu, editorialista y Augusto Dávila Lint, como cronista.
21 La Noche, que no correspondió dirigir con la valiosa ayuda de una joven promesa: Gregorio Barrios Vílchez "Grebavil", a quien la muerte sitió tempranamente y fuera de la patria. Además, circulaban dos semanarios de modesta factura: El Zepellin y El Horizonte, editado en Monsefú por el señor Benjamín Pisfil Ayala.

Reproducido de "Primera Plana Regional" N1 1, Organo Oficial del Centro Federado de Periodistas de Lambayeque. Octubre de 1993. pag. 12.        

El periodismo, ¿la verdad según el color con que se mire?
Por: María Ofelia Cerro (Adaptación)

Lamentablemente en el Perú la respuesta de muchos a esa pregunta sería que si. Expongo a la opinión de nuestros lectores más de la mitad de los puntos del discurso "Responsabilidades de una prensa libre" --ya que coinciden en mucho con nuestra idiosincracia criolla-- que Peter R. Kann, presidente y editor de The Wall Street Journal, dirigió a los propietarios, editores y periodistas asistentes a la 50 Asamblea General Anual de la Sociedad Interamericana de Prensa, que se llevó a cabo en Toronto, Canadá, a fines del mes de octubre. Kann golpeó en el plexo a aquellos diarios que los norteamericanos suelan llamar supermarket tabloids, que en nada difieren de los tabloides sensacionalistas que abundan en nuestro país, el Perú.
Kann empezó su exposición señalando: "Aunque considero a la prensa estadounidense un modelo en términos de libertad -y eso es de capital importancia- no opino de la misma forma de ésta como ejemplo de criterio, idoneidad o responsabilidad hacia sus propios ideales.
Es por esa razón que deseo dedicar la mayor parte de esta charla, no a dar un sermón sobre la libertad de expresión, sino a analizar con seriedad algunos de los problemas de nuestra propia prensa.
Me referiré a diez tendencias que me preocupan en estados Unidos. Dejo a ustedes la labor de determinar si existen situaciones similares en los medios de comunicación de sus respectivos países".
Nosotros citaremos sólo algunos de los comentarios del editor del tradicional periódico neoyorquino sobre situaciones que se semejan a las que vive la prensa peruana:

Periodismo y entretenimiento
"Existe una engorrosa confusión acerca de las fronteras entre noticia periodística y entretenimiento.
Hay espacio para ambos, desde luego, y cada cual puede ser bien hecho.
Mas, las fronteras no son siempre tan tajantes como las que separan el color blanco del negro.
Pero, fundamentalmente, la mayoría de los que estamos en este salón reconocemos la diferencia entre noticia y entretenimiento. Y debemos hacer todo lo posible por preservar esa distinción.
El periodismo que otorga excesiva prioridad al entretenimiento está destinado, en un alto porcentaje, a distorsionar y engañar.
El entretenimiento que se disfraza de noticia es aún más insidioso porque corrompe y deforma al periodismo auténtico.

Noticia y opinión
El lindero que separa la noticia de la opinión se hace cada vez más borroso. En este caso también hay espacio para ambas: páginas de noticias y de opinión editorial.
Para redactores y comentaristas de noticias, tanto como para reporteros y analistas políticos.
Pero en los Estados Unidos, más que en la mayoría de las sociedades, antes había una distinción más clara, que ahora está desapareciendo. Los diarios, al menos, tienen un formato que ayuda a mantener esa distinción.
La televisión y la mayoría de las revistas no cuentan con ese formato ni esa tradición.
Los resultados son con demasiada frecuencia una combinación de noticias e impresiones. Ambas no son, en mi opinión, ingredientes que deben mezclarse para obtener una comida sabrosa. una buena cena llevas un plato fuerte y un postre.
Parte del problema descansa en nuevas filosofías en boga, que argumentan que no existen valores básicos de lo bueno y lo malo, que la noticia es meramente un asunto de enfoques y que la verdad depende del color del cristal con que se mire.
Es una filosofía peligrosa para cualquier sociedad y una puñalada directa al corazón del periodismo genuino que procura, hecho por hecho, informar y expresar la verdad.

Imagen y trampas
Hay problemas y trampas inherentes al periodismo de manada.
Individualmente, la mayoría de los periodistas son decentes, dedicados e imparciales. Nos gusta vernos como individualistas, no conformistas: como pensadores independientes, no como fajas transportadoras de criterio convencional.
En gran medida, el reportero solitario es acreedor de esa imagen propia. Pero si se junta a una docena de reporteros en busca de una misma información, entonces parecen caer presa de una extraña infección.
Y lo que vemos, con demasiada frecuencia, es una manada de sabuesos en pos de una presa. La prensa en masa, ya sea cubriendo a Dan Qayle o a O.J. Simpson, tiende a perder su sentido común y de imparcialidad. Sus estándares parecen reducirse al más bajo común denominador. Supongo que mi regla de oro sería que mientras mayor es la manada, peor es la noticia.

Pesimismo y extravagancia
Hay una exagerada tendencia hacia el pesimismo en la mayoría de medios de los estados Unidos. No me refiero a escepticismo y crítica. Lo primero es esencial para el rol de los medios de comunicación; lo último va con frecuencia respaldado por los hechos.
Vinculado con el pesimismo hay una creciente fascinación de los medios por lo extravagante, lo perverso y lo patológico, el "periodismo estilo Lorena Bobbit". desde los tabloides sensacionalistas, con sus titulares acerca de bebés de tres cabezas y 600 libras de peso, hasta los programas vespertinos de participación pública cuyo tema es cómo disfrutar del incesto, hay un trecho muy corto hacia las portadas de revistas y programas de variedades que magnifican la importancia de pobres diablos y criminales.
Quizá lo más preocupante de este, así denominado periodismo contribuye a legitimar instantáneamente cualquier idea
excéntrica, conducta desviada o presunta victimización en nuestra sociedad. No estoy a favor de "buenas noticias" en oposición a "malas noticias". Lo que propongo es que los editores se pregunten si esto es en verdad noticia alguna.
Todos debemos preguntarnos con mayor frecuencia y más honestamente por qué cubrimos las noticias de esta manera. ¿Es realmente la fuga de un famoso jugador de fútbol americano retirado, que presuntamente ha asesinado a su esposa el crimen del siglo, el suceso del año o un evento cargado de significado social, racial y jurídico? ¿Por qué agentes de noticias responsables, desde los periódicos nacionales hasta la CNN, actúan de esa manera? )Refleja esto realmente nuestro mejor juicio informativo? ¿Estamos alcahueteando a un espantapájaros  que denominamos "demanda pública"? ¿O estamos sobre dimensionando eventos con el fin de crear mercados para nuestros propios productos? ¿Es posible que sólo The Wall Street Journal sea la única publicación en los estados Unidos que no considera el caso de O.J. Simpson como noticia de primera plana?

Cuestionamiento e investigación
Sugeriría que debemos ser más cautos con las ortodoxias sociales -corrección política- que se reflejan en los medios de comunicación cuya labor no es propalar a los cuatro vientos y remedar las mas imperantes, sino la de cuestionar, investigar y así ponerlas en tela de juicio.
La labor del periodismo debería ser la de trascender estereotipos, simplificaciones e imágenes instantáneas; ir más allá de héroes y villanos.
Preguntarse a sí mismos si los llamados "líderes" hablan para un vasto electorado o para camarillas y reducidos intereses.
El periodismo, por su naturaleza, raramente será profundo. No estamos escribiendo tesis o historia.
Pero tenemos que recordar que cualquier tema tiene más de un punto de vista, que las opiniones nunca son monolíticas.

El tema del poder
Los medios de comunicación en los Estados Unidos, en general, son una presencia poderosa en nuestro sistema y sociedad. realmente no debemos aspirar al poder.
El propósito de la prensa debe ser dar poder a sus lectores, ofreciéndoles información relevante para que tomen decisiones individuales.
Sin embargo, el poder de la prensa, o por lo menos su influencia, es un hecho en nuestra vida y época. Pero en realidad los medios no pueden regir a ambas.
La prensa es al menos parcialmente responsable del mayor escepticismo público hacia casi todas las instituciones importantes, tradicionales y poderosas de Estados Unidos. Eso, en general, está bien.
Pero la verdad es que la prensa también es una gran y poderosa institución.
El programa de televisión 60 Minutos o CBS son más poderosos que casi todos los temas que se tratan.
Un coordinador de noticias de televisión o el director de un periódico importante pueden influir más sobre asuntos públicos que la mayoría de los congresistas y senadores.
Pudiera decirse que The Wall Street Journal tiene más influencia en materia de política económica que muchas de las grandes empresas y corporaciones que cubre en sus informaciones.
Las cadenas televisivas son propiedad de corporaciones gigantescas, las revistas pertenecen a conglomerados de medios de comunicación y muchos diarios forman parte de cadenas nacionales.
No podemos pretender ser un pequeño David enfrentando a Goliat y esperar que el público se lo crea. No podemos pretender ser lo que no somos. Todo lo cual me hace derivar en lo obvio.
Junto con el poder, o al menos la influencia, debe estar la responsabilidad.
Exactitud: El máximo esfuerzo por obtener la información correcta.
Imparcialidad: Una mentalidad abierta. La búsqueda de diferentes puntos de vista en pos de la verdad.
Consideración: Incluyendo un honesto reconocimiento de fallas, sean de hechos o de falta de imparcialidad, cuando se cometen.
Modestia: Un sentido de satisfacción en suministrar información útil en vez de convertirnos en cruzados, ideólogos o fiscales.
Decencia humana: Recordar que somos seres humanos primero y periodistas después.
Básicamente, recordar la regla de oro de la niñez. No queremos que nos critiquen sin la oportunidad de responder. No queremos ser el blanco del periodismo embozado.
A mí no me gustaría que me claven un micrófono en la cara en momentos de una intensa tragedia personal. Ni que se considere que nuestras vidas privadas sean materia de información pública.
Tomando esto en conjunto podría acentuarse un retrato de la prensa mucho más negativo de lo que pretendo.

Fallas y logros
He puesto énfasis en los defectos y fallas, antes que en los logros, precisamente porque nosotros en los medios de comunicación somos, con propiedad y con frecuencia, críticos de otras instituciones. En consecuencia, de vez en cuando debemos girar los reflectores sin filtro hacia nosotros mismos.
En conclusión, sólo anotaré que no hay nada particularmente nuevo en cuanto a fallas de la prensa o en críticas a la misma.
Ya en 1787, Thomas Jefferson, el mejor presidente norteamericano en mucho tiempo, acuñaba una famosa frase:
"Si en mis manos estuviera decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no vacilaría en preferir lo último".
En 1807, en su séptimo año como presidente y luego de siete años de haber sido el blanco de una severa crítica de la prensa, el presidente Jefferson escribió:
"Deploro el pútrido estado en que han caído nuestros periódicos, la malignidad, la vulgaridad y el espíritu mendaz de los que escriben en ellos".
No obstante, Jefferson se mantuvo leal a su principio inicial:
"La prensa", concluyó "es un mal para el cual no hay remedio.
La libertad depende de la libertad de la prensa y ésta no puede ser limitada, sin que ello implique su pérdida".
Estaba en lo cierto. Y todos tenemos razón en seguir defendiendo y prolongando esa libertad".

Reproducido del Suplemento Dominical de La Industria. 6 de noviembre de 1994. Pags. 6-7.

A mis hermanos periodistas Segundo y Teófilo
Por: José Abad Valiente

Uno de los momentos más difíciles y tristes de todo ser humano es, sin lugar a dudas, la muerte física de seres queridos. Es el vaivén propio del destino de cada hombre y no obstante que todos sabemos que seremos prisioneros perpetuos de este final, no nos resignamos y llegado el momento nos sublevamos y expresamos nuestra disconformidad. Así nos sentimos cuando en corto período dos magníficos profesionales del periodismo escrito y gráfico, como son Segundo Castillo Cornejo y Teófilo Quiroga Ramos. Ellos se han ido para siempre en el viaje sin retorno.

Al Rojo Vivo
En un medio tan difícil para el ejercicio rígido de la profesión de periodista en el sentido amplio del vocablo, Segundo "Cholo" Castillo Cornejo, con virtudes y defectos --como cualquier ser mortal-- supo imponer su sello característico y su talento para subir en su real dimensión la noticia, así como su gran sentido de profesional, al compartir los ingresos del trabajo que realizaba con quienes participan en su condición de comentaristas o penalistas sea el caso donde se trabajaba.
Iniciado en las huestes de la corresponsalía de La Prensa, en Chiclayo, comenzó como cronista hípico, siendo muy popular su seudónimo de "Secaco". Tras un recorrido por diversos medios de comunicación, llegó a la radio en el espacio de Star, denominado "Faro Noticioso", haciendo famoso su espacio "Run Run Callejero, la columna sale caliente", cuya paternidad luchó ante los tribunales de justicia, llegando hasta la misma Corte Suprema de la República. Buen hijo, padres de familia y con un buen corazón, la parca lo llevó cuando aún no había llegado al máximo de su profesión. Su máxima creación periodística fue "Al Rojo Vivo", en radio, TV y semanario.

Teófilo Quiroga
El hermano bonachón, compadre alegre e inquieto reportero gráfico, deja un gran vacío en el campo de las comunicaciones. Con una extraordinaria habilidad y gran sentido de cuajado periodista, sus vistas gráficas facilitaron a muchos redactores a confeccionar noticias, comentarios o editoriales. Es Teófilo Quiroga Ramos el "lente mágico" que a nivel nacional mostró la valía de los profesionales del interior del país.
Además de El Tiempo de Piura, donde comenzó su consagración, colaboró para los más importantes rotativos del país y revistas de toda índole, así como la televisión. Justo en el mes de junio último, ya enfermo, recordó los 25 años en que mostró su valía nacional e internacional con ocasión del Campeonato Mundial de Basket Ball Femenino, desarrollado en su fase eliminatoria en nuestra ciudad, dando la vuelta al mundo las fotografías del evento y los momentos de esparcimiento en Pimentel, destacando la belleza de las francesas y la candorosidad para utilizar lo que en ese momento era escándalo: atrevidos bikinis como atuendo y que fueron insertadas, tanto en El Tiempo, de Piura, como en La Crónica y diarios europeos.
Además de su creatividad como periodista gráfico, Teófilo mostró una gran cualidad: no ser egoísta y enseñó sus secretos en esta labor a todos sus colaboradores, muchos de los cuales en silencio también han sentido el impacto de su desaparición física, pero que en el fondo de sus corazones siempre tendrán su figura y don de caballero y amigo a carta cabal.
Esposas, hijos, familiares, hermanos de sangre y hermanos de profesión, sentimos sus muertes y pedimos al altísimo nos reconforte y los tenga en su reino. Descansen en paz.

Reproducido de La Revista N1 3, Organo del Colegio de Periodistas del Perú, filial Chiclayo, octubre 1989, pags. 28-29.

El "Cholo" Quiroga
Por: José Ramírez Ruiz

Noche del 31 de mayo de 1970
La niebla impenetrable parecía envolverme como una densa humareda. Había que ir lento. Poner un pie tras otro con mucho cuidado. Los ojos atrapaban sombras furtivas. La mirada se clavaba ansiosa en los anchos, negros surcos dentados abiertos por el sismo de la carretera Panamericana. Semejaban fauces mortales. El terremoto de ese día había sido devastador en todo el centro del país. Miles habían muerto en las últimas horas. Apenas se produjo el terremoto, cuando se movía la tierra viajamos sin dilación al epicentro del mismo. Era una carrera contra el tiempo y los elementos en busca de la noticia.
-Ya vamos llegando...falta poco compadrito...
Solidarios y decididos, con las manos aferradas a una correa que nos permitía guiarnos en la oscuridad y levantar al que cayera, caminamos varias horas. Nos abríamos paso penosamente hasta cerca de Chimbote. Parecíamos fantasmas en esa soledad. El cholo era un toro en la plenitud de los 35 años. Tenía ánimo indoblegable y parecía no sentir el cansancio de los kilómetros andados. Seguía animándome a ratos:
-No hay que pararnos, compadrito...ya falta poquito...
Las primeras luces del alba nos pusieron de manos a boca con el aterrador cuadro de una ciudad barrida por el encabritamiento de la tierra. Árboles tronchados; postes de luz caídos; casas desplomadas; el barro, ladrillo y concreto, volados por doquier; edificios echados sobre los techos vecinos.
"Click... click... click... La máquina fotográfica seguía su jornada imperturbable. Entre tanto, mi mente atrapaba visiones trágicas, dramáticas y en el block de notas amontonaba nombres, lugares, horas, palabras, testimonios, Trazos rápidos, fríos, frente a la aventura humana, captadores del instante.
El click era interminable. El Cholo seguía su ejercicio profesional. Avanzábamos sorteando escombros, mirando figuras abatidas, viendo rostros desolados, escuchando llantos lastimeros, estremeciéndonos con los aullidos de los perros y cuidando que paredes o techos no nos sepultaran.
Fue cerca del muelle chimbotano donde vi llorar al Cholo. Gruesas lágrimas corrían por sus atezadas mejillas sechuranas. Parado sobre unos adobes, cámara en ristre, estaba frente a un drama individual en la tragedia colectiva: un hombre de poco más de metro sesenta, con el torso desnudo y el rostro congestionado por el esfuerzo, sollozaba; con movimientos frenéticos quitaba los adobes de una pared desplomada, bajo la cual iba apareciendo una mujer de bruces, muerta, con un hijo en cada brazo. Sus brazos y su cuerpo parecían querer proteger hasta en el momento postrero a los niños.
- Ya había salido conmigo y regresó por sus hijos...¿por qué tenía que regresar si todo se venía abajo?, interrogaba al viento el hombre, olvidando en su dolor lo inconmensurable que es el amor maternal.
El Cholo lloraba y registraba la escena de la mártir. Como nunca en los años que trabajamos juntos comprendí cuánta sensibilidad guardaba ese hombre sencillo y cabal. Sentados en ese lugar siniestrado, rodeados de centenares de muertos, lloramos en silencio, entre tanto silencio y entre tanto llanto.
Al día siguiente el diario y TV norteños estremecieron con los testimonios de quienes fuimos calificados como los primeros en ese lugar de la noticia, antes, incluso, que la gente de Lima. Mientras el público recibía la información, ya estábamos corriendo tras otra noticia, novia casquivana, fugitiva y veleidosa, por la cual el periodista se juega mil veces la vida.

Mes de Agosto de 1989
Ha muerto Teófilo Quiroga Ramos, el Cholo Quiroga, el primer reportero gráfico profesional que ha tenido el periodismo lambayecano. En estos días he evocado los innumerables pasajes compartidos en el avatar periodístico. Teófilo era un hombre humilde y aguerrido; talentoso y honesto como debe ser siempre el periodista; sensible a la belleza y al drama humano. El Cholo Quiroga deja en imágenes un invalorable patrimonío para Lambayeque. Hoy, en el Día del Periodista, a manera de testimonio para la Asociación de Reporteros Gráficos de Lambayeque, fundamento mi afirmación de que el Cholo Quiroga fue el primer profesional de acuerdo a lo que dispone la Ley de Profesionalización del Periodista